El gabinete del Doctor
Caligari (1920), la
película expresionista por excelencia, no tiene antecedentes clínicos, tiene un
prontuario. Está inscripto en la -pana nosotros feliz- confluencia de síntomas sociales de
posguerra, y en el intento de desbloqueo con que las productoras
alemanas batallaban en el mercado cinematográfico mundial, por supuesto, pero también en
trastornos bien personales:






En
rigor, de ese contraste (al decir de Kracauer, 1947) entre la tiranía y el caos
anárquico nace El gabinete del Doctor
Caligari. La historia de un presentador de feria que comparece ante las
oficinas municipales y es tratado altaneramente por un funcionario que, al día
siguiente, aparece muerto en su habitación mientras la gente (entre ella Francis
y Alan, los dos enamorados de Jane) disfruta de los entretenimientos de la
feria y merodean la carpa donde el Doctor Caligari presenta a Césare, un
sonámbulo que se levanta lentamente de su ataúd para predecir la suerte de los
concurrentes y le dice a Alan que esa misma noche morirá: cosa que
efectivamente sucede (vemos en las sombras) bajo el mismo modus operandi en que ocurrió lo del funcionario.
De
ahí en más Wiene sigue de cerca a Francis en el itinerario que lo lleva a
confirmar sus sospechas: Césare es un asesino serial e hipnótico que actúa bajo las
órdenes del bizarro Caligari; y estando pronta la muerte de su amada, la
policía lo descubre, el sonámbulo perece fatigado por cargar a Jane, ella se
salva, Caligari huye colina arriba hacia un manicomio del que resulta ser el
director… y ese, ese es el eslabón con que Wiene da vuelta como una media la
lógica de la narración: todo lo antes proyectado es el delirio de un loco que
justifica, entre otras cosas, los extravagantes decorados y vanagloría la
bondad de un sistema psiquiátrico que ahora, entendiendo las alucinaciones de Francis, ya podrá curarlo.
Les dejo el link para que disfruten:
Fuente:
Kraucaer,
S. (1947). De Caligari a Hitler. Historia Psicológica del cine alemán . Editorial
Paidós: Barcelona